Conjuntivitis alérgica
Descubre información sobre la conjuntivitis alérgicam una respuesta exagerada de nuestro sistema inmunitario a sustancias extrañas que suelen ser inofensivas.
Conjuntivitis significa «inflamación de la conjuntiva »1.
La conjuntiva es la membrana transparente que recubre las zonas blancas del ojo y el interior de los párpados.
La conjuntivitis puede ser no infecciosa (por ejemplo, conjuntivitis alérgica o conjuntivitis irritativa) o infecciosa, relacionada con virus o bacterias1.
La conjuntivitis bacteriana es una enfermedad común en todo el mundo, más frecuente en niños.
La conjuntivitis bacteriana es una enfermedad contagiosa que suele afectar a personas sanas3.
La infección puede transmitirse de individuos infectados o puede ser el resultado de un desarrollo anormal de bacterias que están presentes de forma natural en la piel, en la nariz o en la superficie ocular2.
Algunos factores de riesgo aumentan el riesgo de transmisión de la bacteria:
Los microorganismos como los virus, bacterias y hongos más comunes de la conjuntivitis bacteriana en adultos son las especies estafilocócicas, implicadas sobre todo en infecciones cutáneas y oculares, seguidas de otras bacterias que, por lo demás, están implicadas sobre todo en infecciones respiratorias comunes como bronquitis, neumonía…6
La conjuntivitis bacteriana suele empezar en un ojo y extenderse al otro en pocos días1.
Suele causar enrojecimiento ocular con una secreción pegajosa amarillenta o verdosa a lo largo del día. Los párpados pueden hincharse y pegarse al despertar. La visión puede ser ligeramente borrosa debido a las secreciones, pero la agudeza visual no se reduce6,7.
El curso de la enfermedad suele durar de 1 a 2 semanas6.
La conjuntivitis bacteriana rara vez provoca complicaciones. Sin embargo, puede extenderse a la córnea (membrana transparente que cubre el iris y las pupila). En personas con cirugía ocular reciente, la infección también puede extenderse a las partes internas del ojo3.
El diagnóstico de la conjuntivitis bacteriana es clínico y se basa en el enrojecimiento del ojo o secreción purulenta, que es muy característica de infección bacteriana5.
El origen bacteriano de la conjuntivitis puede distinguirse de las causas alérgicas y víricas cuando los párpados se pegan, no hay picor o no hay antecedentes de conjuntivitis previa y en personas que llevan lentes de contacto5.
Si consulta a un oftalmólogo, éste le realizará un examen ocular completo para evaluar el alcance de la infección o la posibilidad de otro diagnóstico. A veces se tomará una muestra de las secreciones oculares para identificar la bacteria y prescribir el tratamiento adecuado.
La mayoría de los casos de conjuntivitis bacteriana aguda tienden a resolverse de forma espontánea con los cuidados adecuados y suelen desaparecer en aproximadamente 10 días sin necesidad de tratamiento específico¹˒⁵˒⁶.
El tratamiento inicial suele consistir en lavados oculares con suero fisiológico y el uso de colirios antisépticos, que ayudan a limpiar la superficie ocular y a reducir la presencia de microorganismos⁷.
En algunos casos pueden prescribirse colirios antibióticos. Aunque generalmente no modifican el pronóstico de la enfermedad, pueden acelerar la resolución de los síntomas y disminuir el riesgo de contagio¹.
Sin embargo, para evitar el uso innecesario de antibióticos, las guías clínicas recomiendan reservarlos para situaciones específicas, como:
Por este motivo, los antibióticos deben utilizarse siempre bajo indicación médica, evitando su uso sin prescripción para prevenir la pérdida de eficacia asociada al uso excesivo.
En situaciones muy concretas, el profesional sanitario puede considerar la prescripción de antibióticos por vía oral³.
En casos muy concretos, pueden prescribirse antibióticos en comprimidos3.
En general, no dude en pedir consejo a su farmacéutico si presenta cualquier síntoma ocular.
Por otro lado, si experimenta uno o más de estos síntomas, debe acudir a un oftalmólogo con carácter urgente: dolor moderado, dolor intenso, sensibilidad intensa a la luz, disminución de la visión, destellos de luz, manchas oscuras, sensación de cuerpo extraño en el ojo, traumatismo (herida, contusión, quemadura por ácido, etc.), síntomas persistentes o que empeoran a pesar de un tratamiento adecuado.